jueves, 10 de febrero de 2011

Espontáneos


Siempre que vuelvo de Madrid o Andalucía echo de menos espontaneidad, esa cervecita a las cinco de la tarde que acaba a las doce del día siguiente con un chocolate con churros.
Aquí en Barcelona esto no sucede con tanta frecuencia, quizás no tenemos tanta capacidad de improvisación o quizá resulta muy difícil encontrar un lugar donde por dos cervezas a dos euros te den una tapa con la que ya cenas y puedes seguir de fiesta aun con el monedero lleno. Aquí cada fin de semana se planifica en función de tu bolsillo y eso deja poco margen a la espontaneidad. Este fin de semana he encontrado un sitio donde desquitarme se llama “Bruguis” y tienes buffet libre de tapas que van apareciendo en una cinta transportadora como en algunos japoneses y te hablo de buenas tapas, no de esa croqueta triste y solitaria que te sirven en algunos bares y que te hace sentir como si te hubiera tocado la lotería porque es gratis, sino de elaborados bocados que puedes comer hasta hartarte. Muchas costumbres tienen que cambiar, pero de momento propuestas como estas son un buen principio.

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